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La resiliencia energética ante el creciente riesgo geopolítico es una cuestión determinante para China este año a la que apenas se está prestando atención. Mientras el conflicto en torno a Irán y el estrecho de Ormuz agita los mercados del petróleo, la estrategia de seguridad energética de Pekín, apoyada en múltiples frentes, llama la atención por su capacidad para mitigar la vulnerabilidad mediante el almacenamiento, la diversificación y las infraestructuras estratégicas.

China lleva más de dos décadas ampliando sus reservas estratégicas de petróleo y aumentando su capacidad de almacenamiento como protección contra las interrupciones del suministro. Aunque el país sigue siendo el mayor importador neto de crudo del mundo y está expuesto a las subidas sostenidas de los precios, su diversificación del suministro y sus corredores terrestres reducen la dependencia de cualquier punto crítico marítimo. Estas medidas no eliminan el riesgo relacionado con el petróleo, pero pueden ayudar a contener sus efectos en el conjunto de la economía china.

En comparación con varias de las principales economías importadoras de energía, China se encuentra en una situación algo menos precaria. Entre el 85 % y el 90 % de la energía primaria de Japón depende de las importaciones y la Unión Europea importa más de la mitad de sus necesidades energéticas. Por su parte, la India importa la gran mayoría de su petróleo crudo.1 Aunque países como Japón mantienen también grandes reservas estratégicas de petróleo, las reservas por sí solas no cambian la dependencia subyacente de las importaciones ni el mix energético. China sigue dependiendo en gran medida del petróleo importado, pero genera la mayor parte de su electricidad a partir de su abundante carbón nacional y lleva años creando y asegurando rutas de suministro diversificadas, lo que ha reducido su vulnerabilidad energética general, pese a no estar totalmente protegida.

Esa protección relativa se ha hecho evidente en los mercados. En los primeros 11 días de negociación tras la escalada del conflicto con Irán a finales de febrero, los mercados bursátiles asiáticos evolucionaron de forma dispar. Mientras que los demás mercados importantes de Asia (India, Japón, Taiwán y Corea del Sur) cayeron entre un 6 % y un 15 %, el mercado chino en su conjunto tuvo un comportamiento prácticamente plano en dólares estadounidenses y registró el menor retroceso del grupo.2 En nuestra opinión, las caídas más pronunciadas en mercados como Taiwán y Corea del Sur también pueden deberse en parte a las recogidas de beneficios tras las fuertes ganancias del año pasado.

La resiliencia energética por sí sola no constituye una tesis de inversión, pero reduce un factor de riesgo macro en un entorno global volátil. Los responsables políticos han mostrado a la vez una actitud realista con respecto al crecimiento. El objetivo del producto interno bruto (PIB) para 2026 de China de entre el 4,5 % y el 5 % es el más bajo en décadas. Aun así, sigue estando muy por encima del crecimiento esperado en la mayoría de las economías avanzadas, donde las previsiones se sitúan en general entre el 1 % y el 2 %.3 Este objetivo modesto reduce el riesgo de una restricción abrupta y permite a Beijing llevar a cabo reformas estructurales y, al mismo tiempo, mantener un apoyo específico a los sectores prioritarios.

Un crecimiento general más lento no implica necesariamente una baja rentabilidad de la renta variable. Si la composición del crecimiento mejora (hacia un mayor valor de la fabricación, la tecnología y el consumo nacional), los mercados bursátiles pueden reaccionar positivamente incluso en un entorno de menor crecimiento.

Apoyo a la estabilización

El índice de precios al consumo (IPC) general de China subió un 0,8 % interanual en diciembre, con una inflación anual estable frente a 2024. Los datos del Festival de Primavera de China también mostraron su resiliencia. La media de viajeros diarios aumentó un 8,7 % con respecto al año anterior, las ventas minoristas en las principales regiones registraron una fuerte subida y la producción de febrero mantuvo prácticamente el ritmo de enero.4

Desde el punto de vista externo, los datos comerciales de China evidencian su capacidad de adaptación. Las exportaciones de bienes se anotaron un crecimiento de un dígito medio en 2025, a pesar de la subida de los aranceles estadounidenses, y China registró un superávit comercial récord de aproximadamente 1,2 billones de dólares, gracias al aumento de los flujos hacia el sudeste asiático, Europa y los mercados emergentes.5 La prolongación de las suspensiones arancelarias hasta finales de 2026 reduce el riesgo de escalada a corto plazo, mientras que el diálogo sobre las cadenas de suministro críticas, como las tierras raras, apunta a un mayor pragmatismo.

Desde el punto de vista estructural, la economía está cambiando. Se prevé que las industrias ecológicas y de alta tecnología (denominadas el «nuevo trío» formado por los vehículos eléctricos, las baterías de iones de litio y los productos solares) representen alrededor del 20 % del PIB en 2026 y podrían seguir aumentando de aquí a 2030, mientras que el porcentaje del sector inmobiliario sigue disminuyendo.6

Los sectores tecnológico y ecológico están superando al inmobiliario

De 2012 a 2030

Fuente: Bloomberg. No existe ninguna garantía de que cualquier estimación, previsión o proyección vaya a cumplirse. El «nuevo trío» de China que impulsa el crecimiento económico está formado por los vehículos eléctricos, las baterías de iones de litio y los productos solares.

Cambio energético

La composición de los índices refleja esta transición: los índices de referencia bursátiles generales de China se inclinan cada vez más hacia las cadenas de suministro de inteligencia artificial (IA), la fabricación avanzada, las baterías para vehículos eléctricos y los equipos solares y de comunicaciones, en lugar de hacia el apalancamiento inmobiliario. El liderazgo del país en materia de energía renovable sigue afianzándose, gracias al continuo respaldo político al más alto nivel.

Cabe destacar que China lidera el despliegue mundial de energía solar y eólica, además de dominar segmentos clave de la cadena de suministro de los vehículos eléctricos. Sus inversiones en energía verde en el extranjero —que comprenden la generación de energías renovables, las infraestructuras de red y la producción de tecnologías limpias— también alcanzaron alrededor de 80 000 millones de dólares en noviembre del año pasado, tras la cifra de 100 000 millones registrada en los dos años anteriores juntos.7 Esa inversión de capital en el extranjero refuerza la posición de China en las cadenas de suministro globales y amplía su alcance estratégico. China no solo está impulsando su propia transición, sino que también está financiando y desarrollando capacidad de energía limpia en mercados como África, Australia y el sudeste asiático.

Al mismo tiempo, el país posee algunas de las mayores reservas de carbón del mundo y sigue siendo el mayor productor y consumidor, ya que el carbón sigue suponiendo más de la mitad del consumo de energía primaria. Pese al rápido crecimiento de las energías renovables, el carbón sigue constituyendo un pilar para la fiabilidad de la red eléctrica.

China también desempeña un papel importante en el procesamiento de minerales críticos, como el litio, las tierras raras y otros componentes para baterías. Esa fortaleza industrial contrasta con las valoraciones de las acciones, que continúan en niveles bajos. El FTSE China RIC Capped Index cotiza cerca de 12 veces el beneficio futuro (estimación de 2026), por debajo de su media a largo plazo y con descuento con respecto a sus homólogos de los mercados desarrollados.8 En el pasado, los múltiplos futuros de China han rondado el 15 % cuando las condiciones políticas y de crecimiento eran menos tensas. Creemos que las valoraciones actuales reflejan cautela, lo que genera una relación riesgo-remuneración asimétrica si los beneficios se estabilizan y la política sigue prestando apoyo.

Los principales retos siguen estando claros. El sector inmobiliario sigue en proceso de cambio. Las presiones deflacionistas se mantienen. Las medidas de estímulo han sido selectivas, en lugar de contundentes. El crecimiento se está moderando en comparación con los ciclos anteriores. Y las tensiones geopolíticas pueden volver a intensificarse.

Pero los mercados suelen ajustar sus precios antes de que la situación macroeconómica se aclare del todo. Puede que China en 2026 no se caracterice por un auge cíclico. En su lugar, podría caracterizarse por unas valoraciones con descuento, un reajuste estructural, flexibilidad política y una relativa resiliencia en un contexto mundial volátil. Para los inversores mundiales que hacen frente a la actual incertidumbre del mercado y el clima de aversión al riesgo, creemos que esa combinación merece atención y puede que un aumento moderado de la asignación.



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